Del documento extraemos una serie de pistas relevantes para saber cuál será el rol que desempeñará el sector agroalimentario en la Agenda de la Comisión Europea:
- El sector sigue siendo
necesario políticamente, pero ya no estructura la agenda europea como
en décadas anteriores. Las decisiones relevantes para el sector vendrán
cada vez más condicionadas por políticas industriales, energéticas o de
seguridad. - El sector aparece
encuadrado dentro de “calidad de vida: seguridad alimentaria, agua y
naturaleza”, no dentro de competitividad: menos motor económico
central, más infraestructura crítica de estabilidad social y territorial. - El próximo marco financiero (2028-2034) ya apunta
a trasladar recursos hacia competitividad, seguridad y defensa,
reduciendo el peso relativo de la PAC. La verdadera discusión no será
técnica (eco-regímenes, arquitectura verde, etc.), sino presupuestaria
y geopolítica. El sector debe prepararse para más cofinanciación
nacional, mayor integración con políticas territoriales y posible erosión
del carácter común de la PAC. - La Comisión está legislando mediante paquetes ómnibus,
lo cual tiene efectos mixtos: alivio regulatorio puntual y rapidez
legislativa; pero con riesgos de fragmentación normativa, menor escrutinio
político y creciente complejidad para operadores y compliance. La carga
regulatoria puede volverse menos visible pero más difícil de anticipar. - El entorno regulatorio
agroalimentario vendrá cada vez más desde políticas ambientales y de recursos
naturales, no solo desde DG AGRI. - Si el sector quiere mantener
peso político en la UE, la clave será reformular su papel
estratégico: no solo agricultura, sino- seguridad alimentaria,
- estabilidad territorial,
- industria estratégica,
- infraestructura crítica de
resiliencia europea.
Autor: Candela González-Alemán




