Hace unos meses, Anne Glover, reputada científica británica y asesora directa para asuntos científicos del Presidente de la Comisión Europea, cesó en su cargo. Su cometido esencial era aportar al señor Barroso consejo independiente en todos los aspectos relativos a la ciencia , tecnología e innovación en relación con asuntos de interés para la UE.

El nombramiento de la nueva Comisión Europea puso encima de la mesa la necesidad o no de mantener ese puesto de función asesora , y con ello se abrió el debate. Por un lado, Business Europe dejó claro que era necesario seguir con esa función como apoyo al diseño de políticas y legislación europea pero, por el otro, Corporate Europe Observatory, un grupo de investigación y campañas que reúne a diferentes activistas de diferentes ámbitos, defendió su supresión argumentando que “es un puesto problemático y que concentra mucha influencia en una sola persona”.

A pesar de que más de 40 instituciones científicas apoyaron a la señora Glover y la continuidad del puesto, el nuevo presidente, JC Juncker, decidió finalmente prescindir de sus servicios. No es más que otro episodio sobre la difícil relación entre Bruselas y la ciencia. En el sector agroalimentario tenemos más de un ejemplo en el que ésta última se utiliza como arma arrojadiza, como palanca para defender posiciones intelectuales, doctrinas e incluso me atrevería a decir que, en algún caso, creencias. Mala cosa.

La ciencia necesita independencia, pero también equilibrio. Necesita ser abierta, pero no escorada. La ciencia debe ser participativa, y en ningún caso descalificar a aquellos que no comparten una visión determinada. Y sobre todo, basarse en la evidencia. Lo que la ciencia ha demostrado y las autoridades públicas validan no puede anatemizarse. De lo contrario abrimos la senda de la involución, creamos inseguridad, damos pábulo a quien no lo tiene … y Europa se queda atrás.

Un referente científico sólido cerca del poder siempre será una garantía e instrumento de progreso. Y eso es precisamente lo que necesitamos: progreso.

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